Argentina acusa un recelo creciente hacia los medios de comunicación

En un país con gran uso de las redes sociales, subió seis puntos porcentuales el consumo de noticias a través de alguna de ellas y cinco puntos porcentuales la escucha de podcasts

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Buenos Aires, 13 jul (Sputnik).- La desconfianza hacia el mercado informativo no es un fenómeno exclusivo de Argentina, pero sí es más pronunciado en esta nación sudamericana. El Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford en Reino Unido, sobrevoló la situación de 46 países y concluyó que dentro de América Latina, la ciudadanía argentina es la más suspicaz frente a las noticias.

A la par de lo que sucede en la mitad de los países evaluados, en Argentina disminuyó un punto porcentual, hasta el 35 por ciento, la confianza en las noticias en general. Ese porcentaje asciende a 37 por ciento en México y Colombia y a 38 por ciento en Chile. Los más confiados son Perú y Brasil, pero ni siquiera en ellos la confianza alcanza el 50 por ciento (41 y 48 por ciento, respectivamente).

En Argentina, solo 15 por ciento de los 96.000 encuestados piensa que los medios son independientes de influencia política, y 18 por ciento opina que son libres de las voluntades empresariales de quienes los manejan.

Durante la pandemia, bajó el consumo informativo en todas las plataformas, lo que llevó a las empresas a guarecerse en suscripciones de pago y a volcarse en contenido audiovisual, aunque las audiencias distaron de ser relucientes.

Como sucedió en casi todos los países relevados, el tiempo dedicado a la televisión y a la prensa escrita, bajó. Las tiradas de los periódicos se desplomaron 21 por ciento desde 2020. Mientras, los medios digitales y las redes sociales mantuvieron su público.

Esto ocurre en una nación en la que los medios privados están concentrados en pocas manos, lo que lleva “a un alto grado de polarización política que se hace eco entre la población”, según constataron los investigadores Eugenia Mitchelstein y Pablo J. Boczkowski al evaluar la situación en Argentina.

De esta situación no escapan los canales de noticias por cable, que tienen una pronunciada inclinación partidaria: C5N cultiva un perfil más amable con el actual Gobierno y es crítico con la gestión anterior, encabezada por el presidente Mauricio Macri (2015-2019), mientras que a la inversa juega el canal TN.

Lo cierto es que los índices de audiencias televisivas son bajos, aunque estables.

La televisión y la radio públicas son percibidas como un tentáculo gubernamental y quedan en situación de debilidad ante las grandes masas, que se inclinan hacia los medios privados.

En un país con gran uso de las redes sociales, subió seis puntos porcentuales el consumo de noticias a través de alguna de ellas y cinco puntos porcentuales la escucha de podcasts.

POLARIZACIÓN

Argentina presenta un ecosistema informativo que controlan pocos grupos comerciales y que “han tomado partido de modo nítido por una de las dos grandes corrientes de opinión polarizada del país”, destaca en diálogo con la Agencia Sputnik el investigador y profesor universitario argentino Martín Becerra. Igual sucede en otros países de América Latina.

“En general, la inmensa mayoría están encolumnados en lo que es la oposición política al Gobierno nacional”, analiza el especialista en medios. “Por lo menos desde 2008, y quizás antes, hicieron un giro en su definición y en su línea de contenidos hacia un periodismo faccioso, parcial, subjetivo, y partidista, con poco contraste de información”, agrega.

Una de las consecuencias de este nuevo prisma, en un sistema de por sí muy centralizado en grandes ciudades, es el deterioro del contrato de lectura con las audiencias, lo que incrementa la desconfianza hacia esos medios, expresa Becerra, investigador principal en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Lo que sí marca una diferencia con otros países donde también hay polarización, como Brasil, es que allí las grandes empresas informativas, por más que sigan una línea editorial, no tienden a tergiversar todos los contenidos, y menos aún los de zonas blandas informativas, como espectáculos y deportes, agrega.

En Argentina, “la decidida toma de partido por parte de los grandes medios permea todas las secciones, sin que haya un solo minuto de la programación que no esté imbuido de un espíritu militante y expresamente partidista con la que se tocan todos los temas, incluida la farándula”, afirma Becerra.

POLÍTICA INMISCUIDA

Parte de ese partidismo explícito obedece a la directa vinculación entre la estructura concentrada de los medios y la política.

Dos expresidentes tan distintos como Néstor Kirchner (2003-2007) y Mauricio Macri (2015-2019) autorizaron la fusión más grande de la historia de las telecomunicaciones de América Latina hasta ese momento, ambos en beneficio del mayor multimedios del país, Clarín. El primero permitió la unión de dos cableoperadores, Multicanal con Cablevisión. El segundo avaló la fusión de Cablevisión con la telefónica Telecom.

Injusto sería decir que la creciente desconfianza argentina hacia los medios obedece a un mayor espíritu crítico. En todo caso, manifiesta una predisposición más ruidosa en su forma de expresar el descontento y de articular cuestionamientos, “pero eso no significa que sea necesariamente más crítica que otras sociedades vecinas”, matiza Becerra.

El investigador es cauteloso para no magnificar la impronta que tienen los medios en el rumbo político de un país. “A contracorriente de lo que opinan la mayoría de mis colegas, creo que es una influencia relativa, no absoluta, matizada por otras experiencias que la ciudadanía tiene, como la de ir a la verdulería y ver que los precios suben, o que pueden o no llegar a fin de mes, o que tienen o no trabajo”, refiere.

En tanto, el flujo de la atención ciudadana por razones informativas salta hacia aplicaciones en dispositivos móviles que no son siempre medios de comunicación. “En muchas plataformas, los medios son animadores importantes de la discusión que allí ocurre, por más que no sean los únicos participantes”, expone el docente argentino.

Para revertir la suspicacia hacia las noticias, se requieren leyes de comunicación en la que converjan medios digitales y tradicionales y una defensa de la competencia, a fin de que una posición dominante no asfixie otras perspectivas plurales dentro del espacio público.

“En América Latina y en el mundo la concentración mediática es el talón de Aquiles, así que el desafío es integrar las políticas públicas que pasan por las áreas de defensa de la competencia y las de regulación de medios y de comunicación. Es difícil, pero es el desafío de este ahora”, concluye Becerra. (Sputnik)