Béisbol cubano, un interminable culebrón político

Para los cubanos el béisbol -o la pelota, como le dicen- no es un deporte más: es algo genético, en la esencia misma de la nacionalidad, fuente de metáforas que enriquecen el habla popular y termómetro fiel de un país cuyo bienestar pareciera que depende de la salud de esta suerte de religión.

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Para los cubanos el béisbol -o la pelota, como le dicen- no es un deporte más: es algo genético, en la esencia misma de la nacionalidad, fuente de metáforas que enriquecen el habla popular y termómetro fiel de un país cuyo bienestar pareciera que depende de la salud de esta suerte de religión.

Montevideo (Mesa Américas), 15 mar (Sputnik).- En medio de la precariedad económica y una perenne tirantez política, los cubanos encontraron una loca y poderosa razón para sonreír: su equipo de béisbol volvió a la elite mundial de un deporte que, al menos en la isla, une y divide a la vez.

La resurrección de Cuba en el V Clásico Mundial, el torneo de selecciones más importante del béisbol, representó una inyección de fe para los seguidores de una novena que parecía condenada tras perder sus dos primeros partidos, y ante rivales en teoría inferiores.

Pero el también llamado “equipo de las cuatro letras” no ha parado de ganar convincentemente desde entonces y, tras clasificar como primero de su grupo luego de un empate múltiple, recién derrotó 4-3 a Australia en cuartos de final para colarse entre los cuatro mejores del orbe beisbolero.

Sin embargo, la siguiente ronda trae su morbo, pues será disputada en la ciudad estadounidense de Miami, meca histórica de un exilio que rechaza todo lo que les huela a “castrismo”, es decir, el Gobierno de Cuba… Incluso aquello que representa algo tan sagrado como el béisbol…

PELOTA EN ADN

Para los cubanos el béisbol -o la pelota, como le dicen- no es un deporte más: es algo genético, en la esencia misma de la nacionalidad, fuente de metáforas que enriquecen el habla popular y termómetro fiel de un país cuyo bienestar pareciera que depende de la salud de esta suerte de religión.

Pero, además, el béisbol ha sido enarbolado como bandera por partidarios y críticos del proceso social entronizado en Cuba desde 1959, un componente político del que le ha costado desprenderse, y que se ha acentuado en las últimas semanas, con la consolidación del llamado #TeamAsere.

El apelativo responde al emblemático santo y seña de los cubanos -“¿qué volá, asere?”- e identifica a una selección que, por primera vez en más de medio siglo, abre las puertas a jugadores profesionales que militan en equipos de las llamadas Grandes Ligas, en Estados Unidos.

Hasta ahora, los beisbolistas cubanos que se iban del país, incluso por vías legales, eran tildados por la narrativa oficialista como “desertores” y “traidores”, en el mejor de los casos, porque generalmente se les invisibilizaba en los medios, e incluso se le negaba el regreso a su tierra natal.

Tal discriminación abrió heridas profundas y difíciles de cerrar, precisamente porque la política aún es un factor en las relaciones de Cuba con su diáspora, particularmente con la que se define como exilio, y cuyo epicentro es Miami, sede final del Clásico y fuente de reproches al #TeamAsere.

ENTENDIENDO EL CAOS

El problema comenzó cuando el Gobierno cubano dio luz verde a la inclusión de peloteros nacidos en la isla y que jugaran en Estados Unidos, empujado en parte por los malos resultados internacionales y la presión de Major League Baseball (MLB), el ente que rige las Grandes Ligas y organiza el Clásico.

La Federación Cubana de Béisbol (FCB) comenzó a armar un equipo que no contó con las principales figuras de la isla en las Ligas Mayores, unos porque rechazaron la invitación, otros porque no fueron invitados de plano, incluso algunos que se mostraron dispuestos a representar a su Patria.

El criterio generalizado es que hubo un tamiz político en la elección, aunque también pesó el hecho de que muchos de los peloteros cubanos en Grandes Ligas presionaron el pasado año para competir en el Clásico con un equipo independiente, desligado de las directrices de La Habana.

Así nació la Asociación de Beisbolistas Profesionales Cubanos, que llegó a tener 170 integrantes de los diferentes niveles de la MLB, y de otras ligas extranjeras, pero ni siquiera consiguió disputar un partido de exhibición, pero la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol, solo reconoce a los equipos armados por las federaciones nacionales.

UN NUEVO CISMA

Sobrevino entonces un nuevo cisma entre cubanos, cuando peloteros de la Asociación le recriminaron a los colegas invitados por FCB que aceptaran sumarse al equipo del Clásico, legitimando así al gobierno que, hasta no hace mucho, los marginaba y trataba como ciudadanos de segunda.

Jugadores como Raisel Iglesias y Yadiel Hernández criticaron a los integrantes del Cuba en el Clásico, y vaticinaron que harían el ridículo y volverían a casa temprano, y tras la clasificación a cuartos de final, de la selección le respondieron en duros términos.

A todas estas, voceros del exilio y de grupos opositores exteriorizaron su rechazo al #TeamAsere, si bien existe consenso en que muchos de ellos, de puertas adentro, desean que Cuba salga adelante.

El próximo capítulo de esta saga será en Miami, y desde ya comienzan los rumores sobre eventuales deserciones en el Cuba, pero también de presuntas manifestaciones contra las autoridades de la isla en el estadio y sus alrededores, generando un drama extradeportivo que ningún otro equipo sufre.

Igual, nada nuevo bajo el sol: otro día más para el béisbol cubano, que al menos está mostrando destellos del brillo que parecía perdido, y que por enésima vez ilusiona a unos parciales que se abandonan al goce, curados ya de desengaños. (Sputnik)