“Es una mujer negra y humilde”: Rebeca Andrade, la brasileña que conquistó el oro

El camino de Rebeca no fue fácil. Su madre, empleada doméstica, estaba sola con cinco hijos (hoy tiene otros tres). Las dificultades económicas eran enormes. 

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La vida de la gimnasta brasileña Rebeca Andrade tiene todos los ingredientes para una película. Una joven negra y de favela que no solo llegó a competir en unas Olimpiadas, sino que en Tokio 2020 se hizo con la primera medalla de oro de la historia de la gimnasia femenina en Brasil.

Y por si el oro en salto no fuese suficiente, la deportista, de 22 años, también regresa a casa con la medalla de plata que logró en la prueba individual.

Rosa, su madre, contó en una de las entrevistas que ha concedido estos días que su hija comenzó a subirse a la litera casi al mismo tiempo que empezaba a gatear. Ya desde sus primeros años de edad apuntaba maneras.

Un día, su tía decidió llevar a la pequeña a que le hicieran una prueba en el gimnasio donde trabajaba en Sao Paulo, que contaba con un proyecto social de iniciación deportiva. Allí empezó todo. Muy pronto, Rebeca fue conocida como Daianinha‘, en referencia a Daiane dos Santos, una famosa gimnasta brasileña que consiguió nueve medallas en campeonatos mundiales entre 2003 y 2006.

Una medalla con “mucho significado”

Tras los logros de Rebeca en Japón, Daiane no pudo contener el llanto: “La primera medalla olímpica de gimnasia artística es una negra y eso es muy fuerte. Durante mucho tiempo dijeron que los negros no podían competir en algunos deportes. Tiene mucho significado detrás. Es una mujer de origen muy humilde, criada por una madre sola, Doña Rosa -su padre está vivo, pero no presente en su vida-, aguantó todas las lesiones”.

El camino de Rebeca no fue fácil. Su madre, empleada doméstica, estaba sola con cinco hijos (hoy tiene otros tres). Las dificultades económicas eran enormes.

Los hermanos de la atleta fueron un apoyo fundamental, especialmente, el mayor, Emerson, quien desde los 15 años la llevaba a entrenar todos los días. Unas dos horas de trayecto. Hasta que consiguió comprarse una bicicleta de segunda mano.

Incluso hubo una época en que Rebeca tuvo que dejar de entrenar por los problemas económicos de la familia y sus entrenadores se turnaron para llevarla al gimnasio.

A los 9 años, su entrenador –que sigue estando junto a ella– la invitó a vivir en Curitiba, donde está el Centro de Excelencia de Gimnasia. Su madre aceptó.

“Las personas decían que era una loca por dejar a mi hija irse, pero tuve la sabiduría y la mente abierta para dejarle seguir sus sueños. Le dejé volar tras un objetivo, dejando también claro que, si no funcionaba, las puertas de casa siempre estarían abiertas para ella. Hoy veo que actué bien escuchando a mi corazón”, cuenta.

Durante estos años, para Rebeca su madre ha sido un apoyo fundamental. “Tuvo mucho coraje. No solo conmigo, con todos mis hermanos. Siempre nos mostró todas las posibilidades y los dos lados de la moneda (…) lo que realmente importa yo lo aprendí en casa”, aseguró ante de viajar a Tokio.

A los 13 años fue campeona de Brasil y tres años después ganaba la primera medalla en la Copa del Mundo en la prueba de barras asimétricas, aunque donde realmente triunfó fue en el salto, porque allí consiguió tres oros. Desde 2011, forma parte del equipo juvenil de Flamengo en Río de Janeiro.

Su carrera ha estado marcada por varias lesiones que le llevaron a pasar tres veces por quirófano y a pensar retirarse.

Este lunes participó en la final de suelo donde, a pesar de obtener el quinto puesto, –la estadounidense Jade Carey se hizo con el oro– no dejó indiferente a nadie. La elección para esta prueba fue la canción ‘Baile de Favela’, una canción ‘funk’ del músico MC Joâo y que hace referencia a los principales bailes de la capital paulista, y mezclado con la pieza ‘Tocata y Fuga’ de Johann Sebastian Bach.