Un Relato de Gabriel Miranda en el Día Internacional de la Radio

En el Día Internacional de la Radio, les presentamos la crónica redactada por nuestro talentoso radialista y escritor, Gabriel Miranda

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Gabriel Miranda y Jaime Oyaneder en 1997

Han pasado 22 años desde que comencé mi trayectoria en Radio San Joaquín 107.9 FM. Resulta interesante destacar que, durante toda mi vida, fui oyente asiduo de la radio en San Bernardo. Mis abuelos tenían una radio RCA Victor, mi padre poseía una similar, y en Pirque contábamos con otra radio más pequeña, de carcasa plástica o baquelita de color café.

Nunca imaginé que llegaría a ser comunicador radial. Antes de ello, me embarqué en un curso rápido impartido por la periodista Alejandra Branada, graduada de la Universidad Arcis. En este curso, de manera pedagógica, aprendimos los fundamentos de programación, la redacción de libretos y la importancia de expresarse de manera coherente y persuasiva.

Resulta desalentador cuando, al hablar de la historia de la radio, algunos profesionales omiten la participación de las radios comunitarias, lo cual considero discriminatorio. La radio chilena alcanzó su apogeo cuando los locutores interactuaban en vivo con su audiencia, una tradición que las radios comunitarias continúan en la actualidad.

La radio basó su enseñanza en el diálogo y la narración de historias. Surgieron locutoras consejeras de la juventud, como la famosa María Pilar Larrain, cuya revista Ritmo proporcionaba información sobre los cantantes de moda en los años 60. En 1964, se realizaban concursos y sorteos para ir al cine, generando un auge promocional notable.

Además, la radio imitaba los estudios de las grandes emisoras estadounidenses, brindando a los artistas emergentes la oportunidad de debutar en sus instalaciones. La radio también desempeñaba un papel crucial al informar noticias al instante, con programas como “El reportero Esso”, “Noticias de la Una”, “Entre Telones” y “El Correo de Minería”.

Es esencial recordar que, junto con la radio, existía otro medio de comunicación: el radioaficionado. Estos aficionados, atentos a la comunidad, utilizaban claves como el código Q y brindaban ayuda durante tragedias como sismos e inundaciones. Durante la Segunda Guerra Mundial, los locutores, incluso los estadounidenses, proporcionaban ánimo a los soldados, a pesar de la resistencia de la oficialidad.

Tras la dictadura, la radio Q ganó popularidad entre camioneros y taxis colectivos. Los operadores cambiaban de estación y podían interactuar con locutoras, volviendo al dial cuando el chofer anunciaba: “¡Jefe, te están llamando! – ¡Adelante QCL!”.

En 1964, mi hermano Juan desconocía la existencia de la radio FM, que estaba en pañales. Le decía que debía adquirir otra radio hasta que, con el tiempo, estas se multiplicaron, incluso en radios portátiles importadas que ya contaban con selector FM.

En los años sesenta, la moda de la electrónica llevó a las personas hacia Arica, donde adquirían radios portátiles marca Hitachi, ideales para escuchar emisoras extranjeras en onda corta con gran precisión. Resulta curioso que algunos transistores actuales aún dispongan de onda corta.

En 1960, llamaba la atención que los discos se regalaban en las radios. Los radio teatros también ganaron gran audiencia, como la obra “Una plegaria en el camino” de Arturo Moya Grau. Mi abuela, ávida radioescucha, creía que ver la obra en el teatro Cariola sería una experiencia similar a la radio, y la ovación al final confirmó su expectativa.

Es importante señalar que, incluso antes de la dictadura, los radioaficionados con credencial ya compartían desde sus hogares. Los buenos locutores criollos ganaron afecto por su prestigio. En la postguerra, surgieron locutores expertos en la publicidad de discos americanos, anotándolos como el “disco del mes”. Aunque algunos locutores no pasaron por una escuela formal, su prestigio los destacaba, y la radio superó a otros medios en un instante de gran auge, cubriendo vastos territorios.

Sin embargo, con el tiempo, el periodismo pareció abarcar todos los medios posibles, dejando a los profesionales de la radio a la deriva. Aunque fue un período desfavorable, las radios comunitarias mantuvieron la fuerza de la palabra con sus comunicadores. ¡Feliz Día Mundial de la Radio!

Escribió Garomi / poeta y comunicador radial chileno 13/2/2024

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