Columna de Opinión: Resquebrajamientos

Rusia es una democracia formal, pero Putin ejerce en la práctica un régimen dictatorial, en la medida que decide quiénes pueden ser o no sus opositores. China es el adalid del capitalismo a nivel global, pero sigue siendo un régimen comunista sin oposición alguna. Y ninguno de sus socios comerciales en el mundo se atreve a decir algo en contra, nuestro gobierno incluido.

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Manifestantes, durante la protesta este sábado por unas elecciones libres en Moscú. MAXIM SHEMETOV REUTERS

En el convulso panorama internacional hay un hecho que parece ser bienvenido por las élites gobernantes: Rusia y China están en manos de regímenes autoritarios que –gusten o no- favorecen una cierta estabilidad a nivel global.

Es evidente que las causas a favor de los Derechos Humanos en ambas potencias no han estado en la primera línea de la preocupación global sobre el tema, ni en los noticieros de prensa. Hasta ahora, cuando ya no se pueden soslayar.

Jorge Gillies, portavoz de la Universidad Tecnológica Metropolitana para temas de Comunicación Política.

Rusia es una democracia formal, pero Putin ejerce en la práctica un régimen dictatorial, en la medida que decide quiénes pueden ser o no sus opositores. China es el adalid del capitalismo a nivel global, pero sigue siendo un régimen comunista sin oposición alguna. Y ninguno de sus socios comerciales en el mundo se atreve a decir algo en contra, nuestro gobierno incluido.

Y sin embargo, hay señales de resquebrajamiento. Durante semanas, los opositores a Putin vienen exigiendo que se no se impida la inscripción de candidaturas opositoras en las próximas elecciones municipales. Manifestaciones fuertemente reprimidas por los organismos de seguridad.

En China, las protestas se han iniciado en el enclave de Hong Kong, que conserva ciertas libertades formales, que sin embargo se ven amenazadas por nuevas disposiciones del régimen de Beijing. Como consecuencia, represión y amenazas.

Hasta ahora, no se han escuchado protestas ni de Trump, ni de Merkel, ni de ninguno de los líderes occidentales. Es cierto: probablemente, estas manifestaciones, tal como las de la Plaza Tian An Men en 1989, sean fuertemente reprimidas y aniquiladas. Por lo visto, no vale la pena jugarse por ellas.

Pero a la larga será imposible y contraproducente seguir dándoles la espalda a los defensores de la democracia. Estén donde estén.

Soy Jorge Gillies, vocero de la Universidad Tecnológica Metropolitana para temas de Comunicación Política.