Elvis Presley no habría muerto por exceso de drogas

Cuando se habla de Elvis y su prematura muerte, se asume sin cuestionamientos que habría muerto por su relación con las drogas que culminaron con su vida mediante un infarto cardiaco, hasta ahora que un nuevo libro aporta desconocidos antecedentes

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Ahora un nuevo libro sobre su vida y legado apunta directamente a la relación incestuosa de sus abuelos maternos (primos hermanos) como causa de una mala genética que habría de sentenciar la vida del músico. En Elvis: Destined to die young, su autora, Sally Hoedel, intenta humanizar la figura del músico alejándola del estatus de estrella del rock en decadencia que proyectó hacia el final de la década de los años 70.

Elvis: Destined to die young
Elvis: Destined to die young (Elvis Author).

Esta condición genética, que le arrebató la vida a los 42 años, produjo una serie de enfermedades y problemas muy parecidos a los que su abuela materna se enfrentó a su muerte a la edad de 46 años. La única diferencia, como explica Hoedel, fue la medicación a la que estuvo expuesto el cantante hacia el final de su vida y que la acortó dramáticamente.

Las biografías editadas desde su muerte, como la archiconocida Elvis de Albert Goldman, distorsionaron la figura del cantante tras su desaparición. La proyección mediática excéntrica y cada vez más errática hacia el final de su vida, se confundió con una serie de condicionantes médicos que habrían de minar la salud del rey.

Hoedel, como historiadora, aboga por un tratamiento de la vida del músico más cercano al de figuras históricas como las de Henry Ford o Thomas Edison, personajes que provocaron cambios de gran importancia en la vida de los Estados Unidos, alejándose del sensacionalismo tan extendido en la literatura del rock.

Una mala genética

La deficiencia de Alfa 1-antitripsina, un inhibidor encargado de proteger los tejidos de las proteasas, encargadas a su vez de la asimilación en enzimas proteicas, fue la causa de la mala salud y problemas en pulmones, hígado y colon que Elvis arrastró durante buena parte de su vida. Dicha condición médica unida al consumo del alcohol y drogas provocó una degeneración aún mayor de los órganos del cantante resultando en el infarto de miocardio que le arrebató la vida el 16 de agosto de 1977.

George ‘Nick’ Nichopoulos, su médico personal, mantuvo un flujo continuo de medicaciones y drogas que minaron paulatinamente la salud del cantante, usadas en muchas ocasiones para mantener el ritmo de su frenética carrera sobre los escenarios.

Hoedel explicó a The Guardian, que la mayoría de estas drogas fueron prescritas bajo la responsabilidad autoimpuesta del cantante al principio de la década de los años 70. La necesidad de mantener a flote a su familia, músicos y el equipo de más de cien personas que componía la“mafia de Memphis” sirvieron como agravantes para que el rey del rock no dejase a tiempo los escenarios. Un retiro que quizás habría de salvar su vida.

Elvis se martirizó sus últimos años de vida con la idea de que le necesitaban para seguir a flote. El propio rey del rock reconoció: “Estoy enfermo, no me siento bien pero no puedo parar porque todo el mundo cuenta conmigo”. 

Regreso tras regreso

El éxito de su Comeback Special en el año 1968 volvió a proyectar la figura del rey en todo el mundo como ‘salvador del rock’. El carisma del cantante se fue diluyendo en los años posteriores. Con el final de la década de los 70, Elvis se recluyó en Graceland condenado al solipsismo de su propia grandeza.

Cuando Bangs escribió su archiconocido texto para el Village Voice, reconoció ver en Elvis el porqué de que “todos nuestros héroes refuercen la idea de soledad que está en nosotros mismos”. La imagen de grandeza proyectada dos décadas antes desde Sun Records se fue apagando a medida que los Estados Unidos cambiaban. Unos años antes de su muerte, tres de sus guardaespaldas confesaron los detalles más bochornosos de la vida personal del cantante a un periodista del New York Post, haciendo carnaza de un enfermo y debilitado Elvis frente a la opinión pública.

Con este nuevo libro, Hoedel intenta hacer justicia, humanizando a la figura más importante de la música en la segunda mitad del siglo XX, capaz de “mover traseros, conducir tus miedos y arrastrarte a través del espejo” como llegó a escribir Bob Dylan tras conocerle. Una persona que lejos de estar movida por un afán autodestructivo, entregó su vida a alimentar una leyenda mucho más grande que él mismo.