Rodolfo Hernández, el “Trump colombiano” que sorprendió en las elecciones presidenciales

Su vida privada se vio teñida por una tragedia: su hija Juliana Hernández fue secuestrada en 2004 y asesinada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

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El 19 de junio competirá en el balotaje con el candidato de la coalición Pacto Histórico (izquierda), Gustavo Petro, quien corría como favorito en las encuestas previas.

Bogotá, 30 may (Sputnik).-  El ingeniero Rodolfo Hernández, un “outsider” de 77 años que se postuló a la cabeza de la Liga de Gobernantes Anticorrupción (centroderecha) con un discurso contra la clase política, fue la gran sorpresa de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del domingo en Colombia, y cuenta con chances de convertirse en el próximo presidente.

El 19 de junio competirá en el balotaje con el candidato de la coalición Pacto Histórico (izquierda), Gustavo Petro, quien corría como favorito en las encuestas previas.

Hernández, nacido en Piedecuesta, departamento de Santander (noreste) el 26 de marzo de 1945, hizo una polémica campaña electoral, en la que tildó a algunos de sus contrincantes de “prostitutas” e incluso se atrevió a propinarle un bofetón a un concejal que lo confrontó por escándalos de corrupción.

DE FAMILIA CAMPESINA A MILLONARIO

Algunos medios lo identifican como “el Donald Trump colombiano”, pues comparte algunos rasgos con el expresidente de EEUU: es un millonario que gracias a la Constructora HG (Hernández Gómez y Compañía) amasó una fortuna que sobrepasa los 100 millones de dólares -como él mismo lo ha reconocido en varias entrevistas a medios locales-, y mantiene discurso contra el “establishment”, alejado por completo de la izquierda.

Pero Hernández no ha sido siempre un hombre rico. Nació en una familia campesina y sus estudios universitarios como ingeniero civil los hizo en la estatal Universidad Nacional de Colombia y no en alguno de los centros universitarios privados de donde salen la mayoría de los gobernantes del país.

El hoy candidato presidencial ocupó su primer cargo público en 1991 cuando llegó al concejo de su natal Piedecuesta, pero fue destituido por la Procuraduría cuando se constató que su empresa firmó un contrato con el municipio luego de que él fuera elegido para el puesto.

En 2011 comenzó a configurar alianzas políticas como la que creó con Luis Francisco Bohórquez, exalcalde de Bucaramanga y político liberal que terminaría preso (y que recibió financiación de Hernández).

En 2015 decidió fundar el movimiento Lógica, Ética y Estética que usó para llegar a la alcaldía de Bucaramanga al año siguiente. Ya en el cargo, la Procuraduría abrió una investigación y lo suspendió de su cargo en noviembre de 2018 por tres meses luego de que agrediera al concejal Jhon Claro.

En diciembre de 2019, el Ministerio Público volvió a suspenderlo por participar en política, pero Hernández decidió renunciar el 17 de septiembre de ese año.

Su vida privada se vio teñida por una tragedia: su hija Juliana Hernández fue secuestrada en 2004 y asesinada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

CANDIDATO ANTICORRUPCIÓN CON ESCÁNDALO

El candidato tiene como una de sus banderas la lucha contra la corrupción, pero durante su alcaldía fue acusado de permitir que la la Empresa Municipal de Aseo de Bucaramanga (Emab) diera un contrato, al parecer de manera irregular, a la firma Vitalogic.

La Fiscalía General de la Nación asegura tener pruebas de que Hernández influyó en el contrato millonario entregado a la empresa de Jorge Hernán Alarcón, representante de Vitalogic.

De todas formas, su fuerte discurso contra la corrupción parece haberle dado réditos en un país que muestra señales de desgaste, rechazo al Gobierno de Iván Duque y desconfianza hacia el sistema político en general, con dos estallidos sociales de gran intensidad en 2019 y 2021. Así, Hernández está a las puertas de la presidencia. (Sputnik)