El Sol, el astro que empezará a ser una amenaza para la Tierra en millones de años

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Imagen de Sandro Porto en Pixabay

Moscú, 2 dic (Sputnik).- La vida en la Tierra depende del Sol, un axioma conocido desde la antigüedad, y la humanidad siempre ha estudiado el astro rey para afrontar las posibles consecuencias de los cambios en su comportamiento.

El Sol, considerado un objeto celeste simple desde el punto de vista de la física y la astronomía, es una gran masa de gas, básicamente de hidrógeno, dentro de la cual se producen reacciones termonucleares. Esa energía llega a la Tierra en forma de luz solar, factor importante para la vida en nuestro planeta.

Anatoli Petrukóvich, director del Instituto de Estudios Espaciales de Rusia (IKI), sostiene que el Sol se formó hace 4.500 millones de años y seguirá vivo otro tanto. “Es el ciclo típico para este tipo de estrellas. Cuando llegue a su estado final, empezará a convertirse en un gigante rojo, se expandirá y posiblemente absorba a la Tierra”, indicó.

El experto considera que el mundo no requiere crear un Sol artificial para sustituir al nuestro. “Si hablamos del Sol como fuente de energía, no necesitamos crearlo. Simplemente se debe idear una fuente que genere energía suficiente para la civilización”, apuntó.

El astro rey cuando se formó era más frío que ahora y con el tiempo su temperatura aumenta. Según los estudios modernos, el Sol será una amenaza para la Tierra dentro de cientos de millones de años debido a que el calor será excesivo para nuestro planeta. “La humanidad tiene tiempo suficiente para resolver este problema ya sea regulando la atmósfera o simplemente marchándose de aquí”, señaló el científico.

Petrukóvich explica que si aumenta la temperatura, el agua se evaporará con mayor intensidad, lo que implica un clima más cálido y húmedo. “El equilibrio térmico en la atmósfera y el efecto de invernadero es un proceso muy complicado y es que aquí están relacionados el océano, la biosfera y el suelo. La relación no es lineal por lo que todos los escenarios son posibles. Ahí tenemos el ejemplo de Venus, el efecto de invernadero elevó la temperatura hasta 500 grados en este planeta que tiene condiciones cercanas a las de la Tierra”, detalló.

Por otro lado, dijo, sin el efecto de invernadero la temperatura en nuestro planeta sería menos 20 grados. “El efecto de invernadero es una magnitud con ajustes a la medida, exclusivamente para los humanos”, puntualizó.

NUEVO CICLO

Petrukóvich descartó una erupción solar catastrófica para la Tierra en el nuevo ciclo de actividad de la estrella que empieza estos meses. “Todo se reduce a la cuestión de cuán potente puede ser una erupción solar o, desde el punto de vista de la física, qué fuerza puede tener el campo magnético en la mancha solar y qué dimensión puede tener esa mancha. Es poco probable que sea gigantesca”, dijo el investigador.

Las observaciones que se llevan a cabo desde hace años muestran que no hay una acumulación extrema de grandes energías.

El científico, autor de más de 150 artículos en revistas de prestigio internacional, remarcó que en los pronósticos lo correcto sería orientarse por las erupciones observadas antes. Si bien, señaló, ahora es baja la probabilidad de supertormentas magnéticas, no se puede decir con total seguridad que no habrán.

En 1859 se registró la mayor tormenta solar en la historia, conocida como evento Carrington, que dejó fuera de servicio la red de telégrafos en Europa y otras partes del mundo. En la actualidad, un fenómeno de esa magnitud colapsaría Internet y todas las infraestructuras críticas.

SONDAS KAMIKAZES

En cuanto a los avances de Rusia, Petrukóvich adelantó que los investigadores proponen enviar al Sol varias sondas para descifrar sus enigmas. “Hasta el momento no entendemos completamente cómo se origina el viento solar. Parece que es simplemente la liberación de gas caliente, pero las mediciones de la velocidad y la temperatura no concuerdan con ningún modelo. Al parecer hay una fuente de energía adicional”, dijo.

Para resolver este misterio, el director de IKI, sugiere recurrir a un enjambre de sondas que se aproximarán a la zona donde el viento solar se acelera, eso es a una distancia de cuatro veces el radio del Sol o 2,8 millones de kilómetros. “Se necesitan pequeñas sondas kamikazes que se aproximen lo más cerca posible y transmitan la información a un gran satélite antes de desintegrarse”, explicó, agregando que los planes podrían realizarse después del 2030.

El conocimiento del Universo es crucial para los vuelos tripulados a la Luna, Marte u otros planetas, especialmente ante el peligro que representan la radiación solar o los rayos cósmicos. Si bien un astronauta puede protegerse en su nave espacial frente a una tormenta solar, la radiación galáctica atraviesa cualquier material.

Lo que está claro es que para protegerse de la radiación ya sea en la Luna o Marte, el humano tiene que refugiarse en búnkeres a varios metros bajo el suelo, lo que sería suficiente. Otra cuestión es si vale la pena vivir en esos mundos si no puedes salir al exterior. (Sputnik)