Humboldt: el sueño chileno de llegar a Asia con un cable submarino

La génesis del proyecto trasciende a Piñera, ya que comenzó a gestarse durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018).

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Proyecto Humboldt: el sueño chileno de llegar a Asia con un cable submarino
La visita del presidente chileno Sebastián Piñera a Paraguay y Uruguay buscó convencer a los países de sumarse al Proyecto Humboldt. que conectará Sudamérica con Oceanía y Asia a través de un cable submarino. China iba a ser el socio original pero una gestión de EEUU cambió los planes.

La reciente gira del presidente chileno Sebastián Piñera por Colombia, Paraguay y Uruguay fue interpretada como un intento del mandatario por retomar su agenda internacional, respaldada en la sintonía política con sus pares Iván Duque, Mario Abdo Benítez o Luis Lacalle Pou en temas como la situación en Venezuela o la relación con EEUU.
Sin embargo, la presencia de Piñera en Asunción y Montevideo incluyó un objetivo más concreto: convencer a paraguayos y uruguayos de sumarse al ambicioso Proyecto Humboldt, un emprendimiento surgido en Chile que pretende conectar Sudamérica con Asia y Oceanía a través de un cable submarino.
La génesis del proyecto trasciende a Piñera, ya que comenzó a gestarse durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018).
En aquel momento, Chile comenzó a elaborar un plan para concretar una conexión de fibra óptica entre la costa chilena y China, en un proyecto que tendría a la tecnológica Huawei como operador.

Estados Unidos dejo fuera a China

El proyecto, denominado originalmente como ‘Puerta digital Asia-Sudamérica‘, no solo mejoraba la conectividad entre las dos costas del Océano Pacífico, sino que permitía establecer una conexión entre Sudamérica y Asia sin tener que pasar por Estados Unidos.
Sin embargo, las tensiones comerciales entre EEUU y China y la llegada al Gobierno de Piñera modificaron el proyecto.
En efecto, en 2020 la International Development Finance Corporation, una entidad financiera del Gobierno estadounidense, propuso a Chile financiar parte del proyecto.
La propuesta coincidió con la decisión de excluir a China como destino final del cable submarino, que finalmente unirá la ciudad chilena de Valparaíso con Auckland, en Nueva Zelanda, para luego pasar por Sidney, en Australia, y terminar en la japonesa Tokyo.
Así, el proyecto final eliminó de su ruta a la ciudad china Shangai, punto que originalmente se había considerado como punto de aterrizaje del cable en Asia.
Según el Gobierno chileno, el trazado elegido “obedece a los resultados preliminares de rentabilidad”, dado que la ruta “es la que contempla la construcción e instalación de una menor cantidad de kilómetros de fibra óptica”.
En efecto, del trazado original, que comprendía una longitud de cerca de 24.000 kilómetros entre Chile y China, se pasó a una longitud de poco más de 13.000 kilómetros, hasta Nueva Zelanda.
En febrero de 2021, un concurso organizado por la Subsecretaría de Telecomunicaciones chilena dictaminó que el proyecto llevaría el nombre de ‘Humboldt’, en honor al científico alemán Alexander von Humboldt, que a comienzos del siglo XIX realizó una reveladora expedición por Sudamérica.
El nombre fue escogido entre 200 propuestas, entre las que se destacaron otras como ‘Gabriela Mistral’, en honor a la escritora chilena.

A la caza de socios

El año 2021 fue para Chile el de recabar los apoyos internacionales para concretar el proyecto, que demandará una inversión cercana a los 450 millones de dólares.
En enero de 2021, el Gobierno de Argentina confirmó su adhesión al emprendimiento a través de su empresa de telecomunicaciones Arsat.
Según comunicó en su momento, para Argentina el proyecto sería beneficioso tanto en “aspectos políticos como técnicos y estratégicos”.
La Secretaría de Innovación argentina destacó además que el cable submarino le permitiría a Argentina “transportar tráfico de internet desde y hacia Brasil” y que, en el futuro, el país “podrá vender servicios de telecomunicaciones a países limítrofes y pasaría a ser un actor digital del hemisferio sur”.
Brasil ratificó su participación en mayo de 2021, destacando que el acuerdo permitía seguir “consolidando la infraestructura digital regional”.
El Gobierno chileno, en tanto, destacó la respuesta afirmativa del Gobierno brasileño como “el impulso definitivo” al proyecto debido a que el volumen de tráfico de datos producido por Brasil aseguraba la viabilidad económica del cable submarino.
Ya en esa instancia, el canciller chileno Andrés Allamand reveló que la intención del Gobierno de Piñera es comprometer también en el proyecto a Paraguay y Uruguay y “más adelante”, también a Bolivia.
De acuerdo a lo proyectado, el cable submarino se construirá durante el año 2022 y constará de un sistema de 8 fibras ópticas. En total, tendrá una capacidad de transmisión de datos de hasta 400 Gbps.